Estaba aburrida. Me cansaba ya de leer, me cansaba de ver la tele, me cansaba de todo. Casi por inercia encendí el ordenador para revisar, una vez más, mis emails y ver si había actualizaciones en alguno de mis blogs favoritos. Nada nuevo. Estaba a punto de cerrar también el facebook cuando me saltó a la vista un nuevo comentario de un viejo amigo que también estaba conectado. Había sido algo más que un amigo en sus tiempos, pero algo menos que un novio. Digamos que fuimos amigos con derecho a muchos roces. Teníamos mucha complicidad y el sexo era estupendo. Ninguno de los dos quería que la cosa fuera a más así que el acuerdo tácito era perfecto. Me preguntaba por qué se rompió aquéllo... no pasó nada en realidad. Supongo que simplemente la vida nos fue llevando a cada uno por un lado y fuimos perdiendo el contacto. Pero magic facebook nos había reunido de nuevo, a su estilo, claro, te tienes ahí y te haces el mismo poco caso que antes pero al menos parece que te tienes más controlado.
Pero ya lo he dicho... estaba aburrida. Le abrí un chat, con la esperanza de que él también lo estuviese. Unas pocas frases típicas de introducción y en cuanto me confirmó que también estaba sólo en casa y sin nada en especial que hacer empezamos a animarnos. Primero recordando viejos tiempos, viejas historias compartidas, viejos polvos... la complicidad entre nosotros reapareció como si nunca nos hubiéramos separado.
Poco a poco la conversación fue subiendo de tono. Tras los clásicos ¿qué llevas puesto? (los dos estuvimos de acuerdo en pasar de la webcam) empezamos con un seductor streap tease virtual. Le pedí que se quitara la camisa, recordando sin dificultad la forma y tacto de su torso. Con su imagen todavía en mente le hice caso y me quité mi propia blusa. Me pidió que me acariciara el pecho, también él recordaba muy bien mis curvas, y le fui contando mis sensaciones al dejar resbalar las yemas de mis dedos por la suave piel, cómo mi pezón se endurecía al contacto... él me pidió permiso para quitarse los pantalones, empezaba a encontrarse incómodo. Se lo dí, pero con la condición de que se dejara puesta la ropa interior. Me estaba gustando la experiencia, no quería acabar tan rápido. Accedió pero con una nueva condición, yo debía quitarme la falda. Me contó que todavía a veces soñaba con mis largas piernas y le recordé aquélla vez en la bañera en la que decidimos emular la famosa escena de Pretty Woman.
Obviamente el recuerdo de mis piernas rodeando su cuerpo desnudo le excitó. Confesó que había empezado a tocarse. Sin quitarse los boxers, eso sí, seguía esperando mi permiso para hacerlo. Me concentré un momento en recordar su cuerpo, delgado pero fibroso, tonificado pero no musculoso. ¿Estaría igual? había pasado mucho tiempo. Pero no quería la webcam para comprobarlo, mejor rescatar mi imagen de él, tal vez idealizada por el tiempo. Tampoco me hacía gracia que él comprobara los cambios en el mío.
Un escalofrío de placer recorrió mi cuerpo recordando sus boxers siempre "ajustaditos sin exagerar" como decía él. Cómo se abultaban en cuanto mis expertas manos comenzaban a recorrer su cuerpo. Lo imaginé exactamente así y no pude evitar empezar a tocarme yo también. Le pedí que me guiara, que imaginara que eran sus manos las que recorrían mi cuerpo y me fuera dando instrucciones. Siguiendo sus órdenes rocé levemente mis pechos y enseguida bajé hacia el vientre. No había olvidado que era una de mis zonas más sensibles. Haciendo gala de su buena memoria me guió sabiamente hacia las ingles y cara interna de los muslos, de vuelta al vientre y a los pechos. "Esta vez sin sujetador", me pidió. Me lo quité, aprovechando para describírselo: negro y de encaje, como a él le gustaban. A partir de ahí me dio vía libre para continuar a mi gusto y adiviné que estaba ya tan excitado que no podía seguir escribiendo. Para ser sincera, yo estaba igual. Por fin le permití quitarse los boxers y masturbarse libremente. En unos pocos minutos los dos estábamos de vuelta y los dos francamente sorprendidos de la intensidad del... ¿encuentro? hay que ver, lo que da de sí el facebook, pensamos.
Afrodita
elenazaragoza@secretisima.com
jueves, 12 de mayo de 2011
martes, 10 de mayo de 2011
¿Aún no tienes tus bolas chinas?
Vaya, seguro que la mayoría ya las tenéis, para mí es el auténtico imprescindible entre los juguetes eróticos, más que nada porque no es sólo un juguete. De hecho, así entre nosotras, os diré que no es ésa su mejor cualidad.
¿Las conocéis verdad? esas dos bolitas tan monas y tan suavecitas unidas por un fino cordel. Yo no sé con qué las hacen pero tienen un tacto sedoso, un poco como la piel de melocotón pero sin los inconvenientes de las alergias que suelen provocar. Pero ¿sabéis cuál es su origen? pues según cuentan, su historia se remonta a un antiguo emperador del Japón feudal. Por lo visto las encargó para sus concubinas. No debía ser un hombre muy paciente porque lo que quería conseguir con las bolas era que sus mujeres estuvieran ya preparadas cuando él quisiera sexo, vamos, que lo de los preliminares no le iba mucho al hombre (él se lo perdía, ¿no?) Debía funcionarles bien porque su uso se extendió a las geishas, por lo que también se conocen como bolas de geisha.
¿Y cómo se usan? pues tan fácil como ponerse un tampón, con la ventaja además de que se les puede poner una gotita de lubricante para que entren mejor (aunque tampoco hace falta) A la hora de sacarlas no hay más que tirar suavemente del cordelito. Pues eso, como un tampón, pero mucho más divertido. ¿Por qué? pues porque las dos bolitas, a su vez, llevan en su interior otras dos bolitas más pequeñas que van vibrando en su interior con el propio movimiento del cuerpo. Esto tiene dos efectos:
- por un lado una constante sensación de hormigueo ahí dentro que, seamos francos, excitar excitar no es que excite, pero oye, agradable sí es.
- y por otra parte, y para mí la más interesante del artilugio, hace que los músculos del suelo pélvico se contraigan inconscientemente para sujetarlas. O sea, como los famosos ejercicios de Kegel, estos que todas sabemos que deberíamos hacer todos los días y no hacemos.
Ya sabéis que lo que hacen estos ejercicios es fortalecer los músculos pélvicos, con lo que no sólo prevenimos posibles problemas futuros como incontinencias urinarias, sino que mejoran muchísimo el sexo. Pensadlo por un momento. Si os habéis acostumbrado a apretar y soltar esa zona... ¿qué no podréis hacer con el miembro de vuestra pareja dentro? por no hablar de que la tonificación muscular que se consigue hace que esté todo ¿cómo decirlo? como más apretadito, y por tanto nuestro propio placer es mucho mayor.
¿Todavía queda alguna por ahí sin sus bolas de geisha? Os lo pongo fácil. Podéis comprarlas cómodamente aquí mismo o pedirlas en vuestra próxima reunión tapersex.
Afrodita
elenazaragoza@secretisima.com
¿Las conocéis verdad? esas dos bolitas tan monas y tan suavecitas unidas por un fino cordel. Yo no sé con qué las hacen pero tienen un tacto sedoso, un poco como la piel de melocotón pero sin los inconvenientes de las alergias que suelen provocar. Pero ¿sabéis cuál es su origen? pues según cuentan, su historia se remonta a un antiguo emperador del Japón feudal. Por lo visto las encargó para sus concubinas. No debía ser un hombre muy paciente porque lo que quería conseguir con las bolas era que sus mujeres estuvieran ya preparadas cuando él quisiera sexo, vamos, que lo de los preliminares no le iba mucho al hombre (él se lo perdía, ¿no?) Debía funcionarles bien porque su uso se extendió a las geishas, por lo que también se conocen como bolas de geisha.
¿Y cómo se usan? pues tan fácil como ponerse un tampón, con la ventaja además de que se les puede poner una gotita de lubricante para que entren mejor (aunque tampoco hace falta) A la hora de sacarlas no hay más que tirar suavemente del cordelito. Pues eso, como un tampón, pero mucho más divertido. ¿Por qué? pues porque las dos bolitas, a su vez, llevan en su interior otras dos bolitas más pequeñas que van vibrando en su interior con el propio movimiento del cuerpo. Esto tiene dos efectos:
- por un lado una constante sensación de hormigueo ahí dentro que, seamos francos, excitar excitar no es que excite, pero oye, agradable sí es.
- y por otra parte, y para mí la más interesante del artilugio, hace que los músculos del suelo pélvico se contraigan inconscientemente para sujetarlas. O sea, como los famosos ejercicios de Kegel, estos que todas sabemos que deberíamos hacer todos los días y no hacemos.
Ya sabéis que lo que hacen estos ejercicios es fortalecer los músculos pélvicos, con lo que no sólo prevenimos posibles problemas futuros como incontinencias urinarias, sino que mejoran muchísimo el sexo. Pensadlo por un momento. Si os habéis acostumbrado a apretar y soltar esa zona... ¿qué no podréis hacer con el miembro de vuestra pareja dentro? por no hablar de que la tonificación muscular que se consigue hace que esté todo ¿cómo decirlo? como más apretadito, y por tanto nuestro propio placer es mucho mayor.
¿Todavía queda alguna por ahí sin sus bolas de geisha? Os lo pongo fácil. Podéis comprarlas cómodamente aquí mismo o pedirlas en vuestra próxima reunión tapersex.
Afrodita
elenazaragoza@secretisima.com
jueves, 5 de mayo de 2011
Una reunión familiar algo distinta (parte II)
Llevaba ya un buen tramo con mi mano deslizándose descaradamente por su trasero pero en los últimos metros hasta el portal decidí mostrarme aún más osada. Pasaba gente por la calle pero cada uno tan a su aire que me decidí. Me quedé un par de pasos atrás y, tan disimuladamente como pude, que me temo que no fue mucho, me desabroché el sujetador y me lo quité deslizándolo por las mangas del vestido, afortunadamente bastante cortitas. Para cuando él se dio cuenta de que me había quedado atrás yo ya le estaba entregando con un brillo inconfundible en los ojos un rojo rebullo de tela que en principio no identificó. Cada vez más convencido de que me estaba volviendo loca, empezó a deshacerlo pero, cuando vio lo que era, lo volvió a guardar rápidamente mirándome con la boca abierta y ojos rebosantes de deseo.
Ya estábamos en el portal. Entramos rápidamente y, para su sorpresa, aproveché el pequeño hueco de acceso a los buzones para camuflarme un segundo y quitarme el tanga, rojo pasión, y de paso el huevo vibrador, quería la zona libre... Para entonces, el bulto de su entrepierna ya empezaba a hacerse más que evidente. Pasé del ascensor, al que él ya había llamado, con evidente prisa por llegar a casa, y empecé a subir despacio las escaleras, invitándole a seguirme. Sentía su mirada, unos escalones por detrás, fija en mis rotundas y duras nalgas. Intentaba atraparme, tocarme, pero yo quería vengarme de sus jueguecitos con el vibrador y no permití que me alcanzara. Todavía no.
Por fin, entre el tercer y el cuarto piso, me paré. Me giré y vi que subía hacia mí con la cara desencajada de deseo. No me extrañó que no me hubiera alcanzado antes, con semejante hinchazón entre las piernas no entendía ni cómo había logrado subir tantas escaleras. Pero tenía una buena motivación, obviamente. En cuanto llegó a mí se abalanzó a besarme. Esta vez le dejé hacer. Yo misma estaba ya tan excitada que no hubiera podido retrasar más el momento ni aunque hubiera querido. Mientras me besaba con furia y acariciaba mis pechos, le solté el cinturón, desabroché botón y cremallera y le bajé los pantalones, aprovechando para rozar más o menos furtivamente su durísimo miembro. Su gemido me indicó que estaba aún más preparado de lo que pensaba. También yo estaba a punto, esta vez no había tiempo, ni necesidad, de andarse con preliminares. Le bajé los boxers, que tan bien le quedaban y sin darle tiempo a más lo senté en un escalón y me monté sobre él. El huevo vibrador no sólo había sido muy divertido. Lo cierto es que había hecho bien su trabajo, estaba ya tan mojada que no podía esperar a sentir su gran polla en mi interior. Con un movimiento rápido la introduje en mí y cabalgué sobre él tan lentamente como nuestra creciente excitación nos lo permitió. Hice lo posible por alargar el momento pero lo cierto es que ninguno de los dos podía esperar mucho más. Unos últimos movimientos rápidos y estallamos a la vez en un explosivo orgasmo.
Apenas podíamos creerlo. Nunca habíamos tenido una experiencia tan simple y a la vez tan intensa, tan rápida, tan salvaje, tan puramente física, y sin embargo tan espectacular.
Afrodita
elenazaragoza@secretisima.com
Ya estábamos en el portal. Entramos rápidamente y, para su sorpresa, aproveché el pequeño hueco de acceso a los buzones para camuflarme un segundo y quitarme el tanga, rojo pasión, y de paso el huevo vibrador, quería la zona libre... Para entonces, el bulto de su entrepierna ya empezaba a hacerse más que evidente. Pasé del ascensor, al que él ya había llamado, con evidente prisa por llegar a casa, y empecé a subir despacio las escaleras, invitándole a seguirme. Sentía su mirada, unos escalones por detrás, fija en mis rotundas y duras nalgas. Intentaba atraparme, tocarme, pero yo quería vengarme de sus jueguecitos con el vibrador y no permití que me alcanzara. Todavía no.
Por fin, entre el tercer y el cuarto piso, me paré. Me giré y vi que subía hacia mí con la cara desencajada de deseo. No me extrañó que no me hubiera alcanzado antes, con semejante hinchazón entre las piernas no entendía ni cómo había logrado subir tantas escaleras. Pero tenía una buena motivación, obviamente. En cuanto llegó a mí se abalanzó a besarme. Esta vez le dejé hacer. Yo misma estaba ya tan excitada que no hubiera podido retrasar más el momento ni aunque hubiera querido. Mientras me besaba con furia y acariciaba mis pechos, le solté el cinturón, desabroché botón y cremallera y le bajé los pantalones, aprovechando para rozar más o menos furtivamente su durísimo miembro. Su gemido me indicó que estaba aún más preparado de lo que pensaba. También yo estaba a punto, esta vez no había tiempo, ni necesidad, de andarse con preliminares. Le bajé los boxers, que tan bien le quedaban y sin darle tiempo a más lo senté en un escalón y me monté sobre él. El huevo vibrador no sólo había sido muy divertido. Lo cierto es que había hecho bien su trabajo, estaba ya tan mojada que no podía esperar a sentir su gran polla en mi interior. Con un movimiento rápido la introduje en mí y cabalgué sobre él tan lentamente como nuestra creciente excitación nos lo permitió. Hice lo posible por alargar el momento pero lo cierto es que ninguno de los dos podía esperar mucho más. Unos últimos movimientos rápidos y estallamos a la vez en un explosivo orgasmo.
Apenas podíamos creerlo. Nunca habíamos tenido una experiencia tan simple y a la vez tan intensa, tan rápida, tan salvaje, tan puramente física, y sin embargo tan espectacular.
Afrodita
elenazaragoza@secretisima.com
martes, 3 de mayo de 2011
El consejo sexy de mayo
Para el jueves prometo continuación del relato, pero hoy prefiero inaugurar mayo con una sugerencia para el mes.
Para mayo se me ocurre lo siguiente:
1. escribe un relato erótico para tu pareja. Tiene que ser absolutamente personalizado, nada de copiar de aquí y de allá, y cuidado con lo que escribes (verás por qué en el punto 3)
2. una noche, antes de acostaros, léeselo con voz susurrante (o dáselo y deja que lo lea él, pero no es lo mismo)
3. organízalo todo para ser capaz de poner en práctica el día que escojas todo lo narrado en el relato, punto por punto.
Yo lo hice una vez un poco antes de mi cumpleaños. El relato hablaba precisamente de una celebración un tanto especial. Se lo dí para que lo leyera como dos o tres semanas antes y todo ese tiempo estuvo preguntándose si realmente pondríamos en práctica todo lo que narraba el día de mi cumple. Y sí, lo hicimos, lo hicimos... os aseguro que fue una de las veladas más excitantes de mi vida (por suerte ha habido otras, pero pocas comparable a aquélla)
Si os portáis bien (y encuentro el relato, que esa es otra) ya os lo pondré algún día. Y de paso, os animo a enviarme vuestros propios relatos a la dirección de ahí abajo. El mejor recibirá un sexy regalito. Tenéis de tiempo todo el mes de mayo. ¡Animaos!
Afrodita
elenazaragoza@secretisima.com
Para mayo se me ocurre lo siguiente:
1. escribe un relato erótico para tu pareja. Tiene que ser absolutamente personalizado, nada de copiar de aquí y de allá, y cuidado con lo que escribes (verás por qué en el punto 3)
2. una noche, antes de acostaros, léeselo con voz susurrante (o dáselo y deja que lo lea él, pero no es lo mismo)
3. organízalo todo para ser capaz de poner en práctica el día que escojas todo lo narrado en el relato, punto por punto.
Yo lo hice una vez un poco antes de mi cumpleaños. El relato hablaba precisamente de una celebración un tanto especial. Se lo dí para que lo leyera como dos o tres semanas antes y todo ese tiempo estuvo preguntándose si realmente pondríamos en práctica todo lo que narraba el día de mi cumple. Y sí, lo hicimos, lo hicimos... os aseguro que fue una de las veladas más excitantes de mi vida (por suerte ha habido otras, pero pocas comparable a aquélla)
Si os portáis bien (y encuentro el relato, que esa es otra) ya os lo pondré algún día. Y de paso, os animo a enviarme vuestros propios relatos a la dirección de ahí abajo. El mejor recibirá un sexy regalito. Tenéis de tiempo todo el mes de mayo. ¡Animaos!
Afrodita
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