viernes, 31 de julio de 2009

LA HISTORIA DEL VIBRADOR: TERCERA PARTE


...La domesticación del consolador
Con el cambio de siglo, las nuevas necesidades, unidas a la invención del motor eléctrico de pequeño tamaño, propiciaron la aparición del primer vibrador doméstico, que fue patentado en 1902 por la empresa estadounidense Hamilton Beach of Racine. De esta forma, el vibrador vaginal se convirtió en el quinto gadget eléctrico en invadir los hogares, mucho antes que, por ejemplo, la plancha eléctrica.
Poco a poco, los vibradores se fueron haciendo más asequibles y empezaron a ser comprados por particulares para tratar problemas de, ejem, "histeria" especialmente persistentes. Modelos como el Miracle Ball-Grip Massager o el Gyro-Lator se hicieron muy célebres e incluso se publicitaron en periódicos con frases como “La vibración que proporciona vida, vigor, fuerza y belleza” o “Instrumentos para la tensión y la ansiedad femenina”.
En 1917, en los hogares norteamericanos había más vibradores que tostadoras; aunque desaparecieron de las consultas de los médicos, seguían considerándose aparatos clínicos para proporcionar relax a las mujeres más inquietas. En la primera mitad del siglo XX, el mercado de este tipo de artefactos estaba en alza, y docenas de prototipos fueron patentados. Algunos de ellos todavía pueden conseguirse a través de eBay, lo cual demuestra su excelente factura. Muchos pueden verse en el Vibrator Museum.
A partir de los años 20, con la aparición de las primeras películas pornográficas (stag reels), los vibradores empezaron a perder su buena fama. La más famosa de estas películas fue The nun’s story (no confundir con la de Audrey Hepburn), un filme en el que la mujer del culturista Vic Tanney se quita su disfraz de monjita y se lía a masturbarse con un arcaico vibrador. Estas cintas hicieron que los vibradores dejaran de verse como instrumentos clínicos para, poco a poco, ir adquiriendo connotaciones negativas y considerarse como diabólicos juguetes fálicos para saciar la lujuria femenina...

jueves, 30 de julio de 2009

LA HISTORIA DEL VIBRADOR: SEGUNDA PARTE

... Antepasados del Rabbit
Bautizado con el explícito nombre de Manipulator, el primer masajeador vibrante clitoridiano se fabricó en Inglaterra a mediados de 1870. Era, básicamente, una tosca mesa de madera con un agujero en medio para encajar la pelvis femenina, a la que se aplicaba una esfera vibrante conectada a una máquina de vapor. Pero, aunque funcionaba, seguía siendo un aparato costoso y engorroso.
En la década de 1880, un médico inglés llamado Joseph Mortimer Granville desarrolló el primer vibrador con forma fálica, una máquina de efectos milagrosos, cuyo único problema era su tamaño industrial. La paciente se tumbaba en un diván y el doctor le aplicaba el vibrador electromecánico en la entrepierna, consiguiendo un orgasmo en unos 10 minutos, más o menos.
La empresa Weiss no tardó en fabricar en serie estos instrumentos, reduciendo su tamaño y modificando sus "tripas" para ponerlos en marcha mediante baterías, pedales, manivelas y, finalmente, corriente eléctrica. La vibración, que iba de 1.000 a 7.000 pulsaciones por minuto, “curaba” hasta a las "histéricas" más recalcitrantes. Los aparatos se fabricaban en serie y se vendían como churros a través de revistas o por prescripción médica.
En 1899, el naturalista John Muir inventó un vibrador para hombres. Atado con correas al cuello y a las piernas, estimulaba el pene para tratar afecciones como la espermatorrea. Los vibradores masculinos se seguirían vendiendo durante el siglo XX como máquinas para "descargar la próstata" o "estimular la circulación"...

miércoles, 29 de julio de 2009

LA HISTORIA DEL VIBRADOR: PRIMERA PARTE


Hoy estamos tan acostumbrados a los vibradores en particular y a los juguetes eróticos en general que se diría que siempre han estado ahí; pero nada más lejos de la realidad. Aunque el masaje de vulva se ha utilizado como terapia contra la histeria desde los tiempos de Hipócrates, durante milenios las mujeres han tenido que conformarse con los dedos masculinos para “consolarse”. Sí, masculinos, porque hasta tiempos muy recientes, la autoestimulación femenina estaba muy mal vista y se reprimía física y psíquicamente. Como dijo Avicenna, otro de los fundadores de la medicina moderna, “las mujeres con histeria no deben tocarse: ese es un trabajo para los maridos y los doctores”.
En la primera mitad del siglo XIX, el masaje de clítoris seguía considerándose el único tratamiento eficaz contra la histeria. La mayor parte de los médicos creía que el 75% de las mujeres sufría histeria crónica y, en una cultura falocéntrica que limitaba el sexo a la penetración, los padres y los maridos llevaban a sus damas al médico para que éste les diera un buen masaje de clítoris… y se quedaban tan anchos.
Pero hasta los doctores más mujeriegos estaban hartos de “darle al botón” durante horas, días y años, así que inventaron la hidroterapia íntima, es decir, estimular el sexo femenino con un potente chorro de agua procedente de una gran manguera. El método se puso en marcha en 1860 en numerosos balnearios y fue un éxito (un orgasmo en unos cuatro o cinco minutos), si bien era un sistema caro y poco práctico. Hacía falta algo más manejable y económico...

martes, 28 de julio de 2009

RELATO EROTICO



-Deja que tome distancia para verte....Estás preciosa-le dijo.
-Gracias... solo me he limitado a dejarme hacer-replicó ella mostrando su cuerpo levemente cubierto por una larga tira de raso negro. Soy tu obra.

Se revolvió en su silla, aquellas frases le volvían loco y ella lo percibía, le conocía tanto que sabía que resortes tocar para mantenerle en tensión y vivo.

Ambos admitían aquel juego en apariencia inocente que les permitía mostrarse con total libertad, no solo sus cuerpos sino sus más íntimos deseos.

-Ven, acércate-dijo él.
-No, no iré. Libérame de tu obra y seré tuya.

Con sumo cuidado avanza, comienza por un pie...lentamente desaparece de su cuerpo el raso...conocen de antemano el final...

-Deja que tome distancia para verte...Estás preciosa- le dijo.
Fuente: Eva, clienta de Secretísima