Viéndole tumbado sobre la cama agradecí sus tendencias metrosexuales. Su pecho perfectamente depilado se me antojaba un lienzo perfecto para expresar mi reciente creatividad gastronómica. Nunca se me había dado bien el dibujo, ciertamente, pero en ese momento me importaba bien poco. Con el bote de chocolate en una mano y el pincel en la otra me senté a horcajadas sobre él, notando de paso cómo su miembro se hinchaba cada vez más, anticipando sin duda lo que debía venir.
Empecé dibujando cualquier cosa, círculos alrededor de los pezones, líneas rectas y curvas entre ellos y su ombligo, poco importaba. Era sólo una prueba. Razonablemente contenta con el resultado decidí aventurarme con algo más complicado. Antes debía borrar mis garabatos. Con evidente placer los lamí despacito, sintiendo su piel reaccionar ante el contacto con mi lengua. De nuevo su miembro se endureció otro poco más. Me estaba excitando mucho, pero aún no había hecho más que una pequeña prueba. Tomé de nuevo el pincel y le miré con ojos de deseo. Intentaría dibujarle a él. Lógicamente no tenía ninguna esperanza de que el resultado fuera muy bueno pero a ninguno de los dos le importaría lo más mínimo.
Empecé a dibujar con una mano mientras con la otra le iba acariciendo las partes del cuerpo que me quedaban más a mano. Me equivoqué. Lamí para corregir. Seguí pintando, cada vez más deprisa, cada vez más excitada. Ni siquiera terminé. Los dos estábamos ya como motos así que, ante las dificultades de un retrato tan complejo opté por abandonar. Me lancé sobre su pecho y chupé, mordí y acaricié cada centímetro de su piel mientras él gemía. Pronto pasé a otras zonas. Su miembro me llamaba descaradamente y tras decorarlo levemente con mi sabrosa pintura pasé a hacerle una larga y lenta felación que terminó de ponerlo a mil por hora, ni más ni menos como estaba yo misma. Entonces quiso invertir los papeles. Tomó él la pintura, me tumbó sobre la cama y se dedicó a decorar mi vulva. Apenas podía esperar al momento de borrar sus propios garabatos, cosa que hizo con su maestría habitual. Tras llevarme a un primer orgasmo, introdujo con cuidado su miembro en mi interior y con extraña parsimonia me fue penetrando despacio, cuidadosamente. Quería volver a llevarme al límite antes de permitirse a sí mismo dejarse ir. Su control fue tal que consiguió trasportarme al séptimo cielo por segunda vez justo en el momento en que él mismo estallaba en su propio explosivo orgasmo.
jueves, 9 de junio de 2011
martes, 7 de junio de 2011
Con cierto sentido (versión 1)
Todos nos sabemos de memoria lo de los cinco sentidos (hasta lo del sexto) Los aprendimos de pequeñitos y nunca dejamos de utilizarlos, aunque a veces no nos damos mucha cuenta de ello. Que levante la mano quien no haya engullido alguna vez su plato de comida sin apenas darse cuenta de lo que estaba ingiriendo. Que levante la mano quien no haya pasado por un espectacular jardín sin prestar atención a sus fragrantes olores.
Y sin embargo los sentidos juegan un papel fundamental en nuestras percepciones, incluso en nuestros recuerdos. Volvamos a levantar manos. ¿Quién no se ha sorprendido alguna vez por una cascada de recuerdos al escuchar determinada música o percibir el olor de un perfume ya olvidado?
Estamos pues de acuerdo en que los sentidos merecen más atención de la que normalmente les prestamos, y el sexo no es ninguna excepción. Os propongo un juego para hoy.
En realidad os propongo dos versiones, más o menos largas según el tiempo de que dispongáis.
Versión 1.
El juego empieza antes de la cena. Tómate tu tiempo para escoger los ingredientes, la receta, dedica el rato necesario a cocinar, a apreciar la textura de los distintos alimentos, disfruta de sus olores, en crudo y al empezar a tratarlos. Pon la mesa de forma especial. Saca un mantel bonito, sus servilletas a juego, una vajilla atractiva, (que no significa cara) Comer es todo un arte y hacerlo bien requiere su tiempo (no todos los días se puede, de acuerdo, pero al menos de vez en cuando no me direis que no vale la pena)
Llegó el momento. Estáis sentados a la mesa (y esta parte del juego sí puede realizarse en familia así que eso no es excusa) y toca degustar el resultado de tanto esfuerzo (que casi nunca es tanto, dicho sea de paso) Por favor, no pongáis la tele, es un desperdicio. En la mesa debería disfrutarse de una agradable conversación, que no distraiga la atención de lo que se está comiendo. Sé que es difícil concentrarse en los sentidos al comer, estamos muy mal acostumbrados a hacerlo rápidamente y sin prestar atención así que habrá que hacer un pequeño esfuerzo. Os propongo animaros entre vosotros a describir los distintos sabores y texturas de lo que vayais probando. El mero hecho de tener que hablar de ello os forzará a prestar esa atención. No siempre es fácil encontrar las palabras pero en realidad eso es lo de menos, bastará con ser conscientes de ello.
Y sin embargo los sentidos juegan un papel fundamental en nuestras percepciones, incluso en nuestros recuerdos. Volvamos a levantar manos. ¿Quién no se ha sorprendido alguna vez por una cascada de recuerdos al escuchar determinada música o percibir el olor de un perfume ya olvidado?
Estamos pues de acuerdo en que los sentidos merecen más atención de la que normalmente les prestamos, y el sexo no es ninguna excepción. Os propongo un juego para hoy.
En realidad os propongo dos versiones, más o menos largas según el tiempo de que dispongáis.
Versión 1.
El juego empieza antes de la cena. Tómate tu tiempo para escoger los ingredientes, la receta, dedica el rato necesario a cocinar, a apreciar la textura de los distintos alimentos, disfruta de sus olores, en crudo y al empezar a tratarlos. Pon la mesa de forma especial. Saca un mantel bonito, sus servilletas a juego, una vajilla atractiva, (que no significa cara) Comer es todo un arte y hacerlo bien requiere su tiempo (no todos los días se puede, de acuerdo, pero al menos de vez en cuando no me direis que no vale la pena)
Llegó el momento. Estáis sentados a la mesa (y esta parte del juego sí puede realizarse en familia así que eso no es excusa) y toca degustar el resultado de tanto esfuerzo (que casi nunca es tanto, dicho sea de paso) Por favor, no pongáis la tele, es un desperdicio. En la mesa debería disfrutarse de una agradable conversación, que no distraiga la atención de lo que se está comiendo. Sé que es difícil concentrarse en los sentidos al comer, estamos muy mal acostumbrados a hacerlo rápidamente y sin prestar atención así que habrá que hacer un pequeño esfuerzo. Os propongo animaros entre vosotros a describir los distintos sabores y texturas de lo que vayais probando. El mero hecho de tener que hablar de ello os forzará a prestar esa atención. No siempre es fácil encontrar las palabras pero en realidad eso es lo de menos, bastará con ser conscientes de ello.
jueves, 2 de junio de 2011
Arte comestible (parte I)
Esa noche le esperaba más impaciente que nunca. Después de un largo viaje, estaba deseando probar con él mi último capricho.
Por fin, después de varios retrasos, llegó a casa. Le esperaba vestida únicamente con una suave batita de seda pero aún tendría que esperar un poco más. Venía tan cansado del viaje que necesitaba con urgencia una ducha. No me importó. De hecho tampoco era mala idea. Le pedí que dejara la puerta del baño abierta para observarle, a lo que no puso ninguna objeción.
Me puse cómoda mientras él se desvestía. Casi dos semanas sin verle y mi imaginación, que llevaba ya un buen rato anticipando el momento, me tenían en un agradable estado de semiexcitación que iba aumentando según iban deslizándose sus prendas de ropa. Hubiera preferido un streaptease más elaborado pero se le veía tan agotado que no quise insistir. Prefería que se relajara tranquilamente bajo el agua tibia y saliera de la ducha en plena forma.
De todas formas, para mí ya era todo un placer observar su bien modelado cuerpo, sus fuertes manos enjabonando suavemente su torso, recorriendo sus largas piernas, sus torneados brazos... no pude evitar acariciar también mi cuerpo mientras observaba con creciente placer cómo su miembro comenzaba a crecer. Los dos seguimos durante un ratito acariciándonos y mirándonos pero no tardó mucho en decidir salir y pasar a otro escenario más cómodo.
Lo llevé directamente a la cama y le pedí que se tumbara boca arriba y se estuviera quietecito. Me quité despacio la bata y, totalmente desnuda, salí de la habitación en busca de mi particular "cofre de los tesoros" del que extraje un apetecible botecito con su pincel incorporado.
Empezaba la clase de arte...
Por fin, después de varios retrasos, llegó a casa. Le esperaba vestida únicamente con una suave batita de seda pero aún tendría que esperar un poco más. Venía tan cansado del viaje que necesitaba con urgencia una ducha. No me importó. De hecho tampoco era mala idea. Le pedí que dejara la puerta del baño abierta para observarle, a lo que no puso ninguna objeción.
Me puse cómoda mientras él se desvestía. Casi dos semanas sin verle y mi imaginación, que llevaba ya un buen rato anticipando el momento, me tenían en un agradable estado de semiexcitación que iba aumentando según iban deslizándose sus prendas de ropa. Hubiera preferido un streaptease más elaborado pero se le veía tan agotado que no quise insistir. Prefería que se relajara tranquilamente bajo el agua tibia y saliera de la ducha en plena forma.
De todas formas, para mí ya era todo un placer observar su bien modelado cuerpo, sus fuertes manos enjabonando suavemente su torso, recorriendo sus largas piernas, sus torneados brazos... no pude evitar acariciar también mi cuerpo mientras observaba con creciente placer cómo su miembro comenzaba a crecer. Los dos seguimos durante un ratito acariciándonos y mirándonos pero no tardó mucho en decidir salir y pasar a otro escenario más cómodo.
Lo llevé directamente a la cama y le pedí que se tumbara boca arriba y se estuviera quietecito. Me quité despacio la bata y, totalmente desnuda, salí de la habitación en busca de mi particular "cofre de los tesoros" del que extraje un apetecible botecito con su pincel incorporado.
Empezaba la clase de arte...
martes, 31 de mayo de 2011
La idea sexy de junio
Esta es difícil de realizar, lo reconozco. Requiere que se combinen bien unas cuantas cosas, sobre todo el escenario y el clima. Pero si lo conseguís cuadrar, el exitazo está asegurado. Os contaré cómo lo hice yo y cada una que lo adapte a sus circunstancias.
Hacía tiempo ya que me rondaba la idea. Lo intenté hacer un día que íbamos a ir a un spa, pero al final no pudimos ir. Me lo había planteado ya en su anterior trabajo, donde sí tenía una cierta intimidad, pero no me atreví, demasiada gente alrededor que hubiera podido pillarme in fraganti.
Por fin encontré el momento perfecto. Él estaba de viaje y volvía por la noche. Yo estaba sóla en casa y me dí cuenta de que, a pesar del buen tiempo, la noche había refrescado un poco. Era el momento perfecto. Le llamé para saber por dónde iba y más o menos a qué hora llegaba. Nada extraño, no le chocó en absoluto, lo he hecho otras veces. Aún me quedaba un ratito para prepararme así que me puse mi lencería más sexy, incluídas las medias con liguero, me maquillé y peiné cuidadosamente, me calcé mis más espectaculares tacones y cuando llegó el momento de bajar a la calle, simplemente añadí un ligero trench negro y me fui a buscarle al garage (un par de manzanas más allá de nuestra casa)
Sólo esperé unos minutos, aunque se me hicieron eternos. Me daba la sensación de que todo el mundo me miraba y sabía que no llevaba apenas nada bajo el trench pero de hecho no se veía nada extraño, en realidad nadie me miraba. Por fin llegó él. Mientras abría la puerta del garage me metí en el coche y, me senté en el asiento del copiloto y el trench se abrió, dejando ver mucho muslo. Me miró con sorpresa. Antes de que llegara a su plaza ya me había desabrochado el botón superior del trench, dejándole ver el encaje de mi sujetador.
Os lo garantizo. Hacerle saber que has ido a buscarlo semidesnuda, paseándote por la calle como si nada, les pone a cien. Probadlo.
Hacía tiempo ya que me rondaba la idea. Lo intenté hacer un día que íbamos a ir a un spa, pero al final no pudimos ir. Me lo había planteado ya en su anterior trabajo, donde sí tenía una cierta intimidad, pero no me atreví, demasiada gente alrededor que hubiera podido pillarme in fraganti.
Por fin encontré el momento perfecto. Él estaba de viaje y volvía por la noche. Yo estaba sóla en casa y me dí cuenta de que, a pesar del buen tiempo, la noche había refrescado un poco. Era el momento perfecto. Le llamé para saber por dónde iba y más o menos a qué hora llegaba. Nada extraño, no le chocó en absoluto, lo he hecho otras veces. Aún me quedaba un ratito para prepararme así que me puse mi lencería más sexy, incluídas las medias con liguero, me maquillé y peiné cuidadosamente, me calcé mis más espectaculares tacones y cuando llegó el momento de bajar a la calle, simplemente añadí un ligero trench negro y me fui a buscarle al garage (un par de manzanas más allá de nuestra casa)
Sólo esperé unos minutos, aunque se me hicieron eternos. Me daba la sensación de que todo el mundo me miraba y sabía que no llevaba apenas nada bajo el trench pero de hecho no se veía nada extraño, en realidad nadie me miraba. Por fin llegó él. Mientras abría la puerta del garage me metí en el coche y, me senté en el asiento del copiloto y el trench se abrió, dejando ver mucho muslo. Me miró con sorpresa. Antes de que llegara a su plaza ya me había desabrochado el botón superior del trench, dejándole ver el encaje de mi sujetador.
Os lo garantizo. Hacerle saber que has ido a buscarlo semidesnuda, paseándote por la calle como si nada, les pone a cien. Probadlo.
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